Sobre el poder en “La dirección de la cura…”
La Primera Escansión de la NELcf, que tuvo lugar el pasado 3 de mayo del 2025 en distintas ciudades de América Latina, nos convocó en torno al texto de Lacan La dirección de la cura y los principios de su poder de 1958. En esa ocasión contamos con una invitada muy especial desde Buenos Aires, Graciela Brodsky. En este breve comentario tomaré en cuenta algunas frases expuestas por nuestra invitada argentina en su argumento.
Un primer punto que me llamó la atención se relaciona con una frase que aparece en la segunda página del mencionado texto de Lacan: “El psicoanalista sin duda dirige la cura (…) no debe dirigir al paciente”[1]. Desde esta frase ya podemos preguntarnos: ¿De qué poder se trata cuando hablamos de una cura? A propósito de esto, G. Brodsky nos recordó en su argumento que la relación analítica es asimétrica porque cada uno (analista y analizante) tienen un rol diferente. Si bien el analizante puede desconocer esto, es importante que, desde las entrevistas preliminares, pueda saber lo que se espera de él. En este sentido, si el analista dirige la cura y no al paciente, es importante identificar en qué momentos estamos dirigiendo la cura a partir de “nuestros prejuicios” –como afirmó G. Brodsky– o si estamos dirigiendo la cura a partir de las coordenadas subjetivas que el paciente trae a las sesiones.
Un segundo punto que resaltaré tiene que ver con una correlación expuesta por G. Brodsky entre el poder y la impotencia. Esta correlación aplica tanto para la práctica clínica como para distintos espacios donde se ejerce un poder: A mayor ejercicio del poder, mayor impotencia. Si una persona necesita ejercer un poder a cualquier precio, se puede hacer la hipótesis de que hay una impotencia que está causando esta acción. Lo mismo aplica para un tratamiento analítico: si el analista insiste en dirigir al paciente y, no a la cura, hacia una determinada dirección, habría que preguntarse ¿Qué puntos de este analista no han sido trabajados aún en su propio análisis? Por lo tanto, para seguir con los términos bélicos utilizados por Lacan en La dirección de la cura…, se puede afirmar que el ejercicio de un poder sobre el paciente camufla una impotencia en el psicoanalista.
Como tercer y último punto, si no se trata de ejercer un poder desde un prejuicio o desde una impotencia, ¿hacia dónde se dirige entonces este poder en un tratamiento de orientación lacaniana? A propósito de esto, G. Brodsky presentó una fórmula que responde muy bien a esta pregunta: “no es el poder del analista, es el poder de la palabra”. Este poder otorgado a la palabra se relaciona con la enunciación que aparece en el analizante más allá de lo que dice conscientemente. Por lo tanto, se trata de hacerle escuchar al paciente: 1) El poder que tiene la palabra; 2) Que su enunciación determina su existencia; y 3) Que un significante ha fijado una modalidad de satisfacción en él o en ella.
Luis Iriarte Pérez
[1] Lacan, J. (2010) La dirección de la cura y los principios de su poder. Escritos 2. Buenos Aires, Siglo Veintiuno Editores, p. 560.